Gráficos, personajes carismáticos, historia, jugabilidad... Muchos componentes ayudan a la hora de que un videojuego llegue a la cima de la historia. Sin duda, la música es uno de estos elementos que comparte importancia en un videojuego: una buena banda sonora se encarga de exaltar las emociones del jugador. Por otra parte, la música pésima o la ausencia de la misma provocará que el usuario se sienta incómodo al jugar. Algunas composiciones llegan a ser más famosas que el título para las que fueron ideadas. Veamos, entonces, el surgimiento de la música de los videojuegos.
Y es que la música ha ido abriéndose camino entre la historia o los gráficos, hasta tal punto que levanta pasiones entre los jugadores con solo una melodía, desconociendo el juego en cuestión. Este es el caso de Last Story para Wii, que se presentó con el logo del juego y la siguiente pequeña pieza musical.
En Japón, el interés del gran público por este tipo de música crece día a día, de manera que compositores como Uematsu son capaces de dirigir a grandes orquestas con una audiencia masiva. Sin embargo, la situación es bastante diferente en el mundo occidental: hasta la llegada del formato MP3, que permitió la difusión de este género de música más allá de las fronteras que la vieron nacer, la única forma de escuchar la melodía consistía en el formato MIDI, que permitía a los aficionados versionasen la melodía, o bien sacar las viejas consolas y jugar al videojuego en cuestión.
--> Historia:
Tecnología y música han ido siempre de la mano. El sonido de Pong, el primer videojuego creado por Nolan Bushnell en 1972, quedaba reducido a un simple "plic" que sonaba con el rebote de la pelota. En 1975, Taito crea Gunfight, un juego arcade en el que se podían oír los disparos. Con todos, se trata de sonidos y no de música, aunque este fuera el primer paso hacia el arte de hoy en día.
Dos años después, el mundo vio nacer a Atari 2600, que, aunque era bastante primitivo, incorporó efectos de sonido y un amago de banda sonora que incorporaba, en juegos como Asteroids, disparos, explosiones y el sonido "tic-tic" que reflejaba el movimiento de los enemigos.
El primer juego en ofrecer una voz fue el Major League Baseball, uno de los títulos del sistema Intellivision. La cosa era muy simple: "strike" y algún que otro "out", con regusto a lata, pero un paso muy importante que abrió la puerta a logros mayores, de entre los que también destaca Pac Man (El Comecocos).
Con todo, el verdadero progreso estaba por llegar. A mitad de la década de los ochenta, Nintendo lanza NES, con tres canales para la música y uno para los efectos sonoros. De entre todos los juegos que se lanzaron, Super Mario Bros se alzó en el trono de los videojuegos y, sobre todo, en el de la música con una banda sonora expresamente creada por Koji Kondo, un compositor profesional que colaborará con Miyamoto a partir de entonces en franquicias como The Legend of Zelda o Mario.
Nintendo y Sega, que lanzó la Master System en 1986, se repartieron el mercado de las consolas, y mantuvieron su hegemonía al desarrollar la Megadrive, en 1989, y la Super Nintendo, en 1991. La música cobra identidad propia, y tenemos ejemplos como Street of Rage o Sonic, en el caso de la máquina de Sega, o las versiones en 16 bits de Zelda y Final Fantasy, en el caso de su competidora.
Nintendo 64, Playstation, Game Boy Color, Game Cube, Playstation 2, Game Boy Advance, Wii, Playstation 3, Nintendo DS, PSP y el PC continuaron contribuyendo a la música de los videojuegos con el avance tecnológico. Sin embargo, no hay que olvidar a los grandes compositores, que hicieron posible esta evolución y crearon obras maestras.
--> Compositores:
Koji Kondo fue el primer compositor profesional en ser expresamente contratado para crear la banda sonora de un juego: la de Super Mario Bros para Nintendo. Aquel trabajo supuso una revolución: todos los juegos de plataforma, a partir de entonces, presentaron músicas que imitaban las melodías alegres y desenfadadas de Kondo. No menos importantes fueron sus creaciones para Zelda, otro título de Nintendo, quizá un poco más serias, pero no por ello carentes de vitalidad.
Masato Nakamura es el líder, compositor y guitarrista de uno de los grupos más celebres del Japón, Dream Come True. Pero en occidente es conocido por componer la banda sonora de uno de los mejores videojuegos de la historia: Sonic the Hedgehog, la mascota de Sega.
Desafortunadamente, este compositor no volvió a involucrarse más en la creación de ningún videojuego, aunque tampoco desaprovechó su talento, ya que su labor al frente de la banda Dream Come True ha sido más que notable.
En 1985, una compañía llamada Squaresoft contrata a un tal Nobuo Uematsu. Fue la casualidad lo que llevó al buen Uematsu al mundo de los videojuegos. Quería dedicarse profesionalmente a la música, pero las discográficas no se dignaban a escuchar las maquetas que él les enviaba. Fue un amigo el que le puso en contacto con Squaresoft y, como él mismo reconoce, aceptó el trabajo que le ofrecieron no porque le interesara especialmente el mundo de los juegos, sino porque aquella oferta era la única disponible. La fama que le precede está totalmente justificada, sobre todo en la saga Final Fantasy, por obras como esta:
--> Conclusión:
La cada vez más aclamada fama de este género musical ha despertado el interés de las compañías occidentales, que ven en ello una oportunidad para redondear sus beneficios. Muchas compañías ofrecen gratuitamente canciones para estimular la venta de sus juegos o bien incluyen CDs de regalo con sus productos.
Los videojuegos han adquirido prestigio, ya no son contemplados como una forma de ocio reservada para un público adolescente. El segmento de edad ha crecido, abarcando a un público más adulto y, por lo tanto, más exigente, que ya no se conforma con un juego tenga bonitos gráficos y una música más o menos pasable. Quieren calidad. Una calidad que las compañías no tienen otro remedio que ofrecer si pretenden recoger beneficios. Por ello, en el caso de la música, ya no dudan en contratar en los mejores artistas, a fin de optimizar el resultado. Por su parte, los compositores ya no dudan en implicarse en este tipo de proyectos, no sólo por su rentabilidad económica, sino también porque les ofrece una oportunidad
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